Ciudades marca

Oímos expresiones como smart city, ciudad marca o atraer inversiones y saltan todas las alarmas.

Nos llevamos las manos a los bolsillos para ver cuanto nos queda, miramos al cielo para ver si todavía no nos cae encima y algunos podemos llegar a empuñar una espada, un blog o un contenedor de basura para defendernos.

Así lo vemos desde Barcelona donde ya quedan muy lejos aquellos tiempos en que alegres y disciplinados voluntarios olímpicos celebraban con alegría, ilusión y amor por el lugar, aquellas promesas de vivir en una ciudad mejor. Hablo del 92, claro. Allí empezó todo, o cuanto menos es un buen lugar para ver de donde venimos.

Embellecieron la ciudad, cierto, pero al poco fuimos viendo que no era para nosotros, para el pueblo, sino que estábamos ayudando a poner el plató para grandes superproducciones, a poner el puerto para grandes cruceros, a peatonalizar las calles para que los dueños de los hoteles -que no somos nosotros ni mucho menos- pudieran recibir mejor a sus clientes, bajando impuestos para atraer capitales de dudosa procedencia.

Si entra dinero llegará para todos, dicen. Impuestos que llenarán las arcas públicas, trabajo para todo el mundo… Pero ya hace mucho que lo dicen y cada vez hay más gente que sabemos que no es verdad. Las arcas públicas se vacían para ayudar a estos mercaderes, la ciudad se vende y alfombra a su servicio, y los empleos, cuando llegan, son precarios.

Todo esto no debe ser particular de Barcelona. Vemos la serie americana The Wire, leemos novela negra, y descubrimos que aquellos relatos que alguna vez parecían historias para pasar miedo se parecen cada vez más a nuestra realidad.

¿Y como és en Valparaiso?

(Jordi Oliveras)

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PROGRAMA 2 (Piloto)
Intervienen: Pablo AravenaIvan MiróPaulina Varas y Metaverba Ji.

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